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Lo que escucho olvido, lo que veo recuerdo, y lo que hago aprendo
Los occidentales siempre deseamos saber antes de que nos enseñen,
formarnos una opinión. Esto no es malo, sin embargo, actuar según esta
opinión, sin humildad, puede conducirnos a errores.
El Tai Chi Chuan se inscribe dentro de una cultura, la China, de más de
5.000 años y de la que conocemos sólo algunos nombres, Lao Tsé,
Confucio, Chuang Tsé,... y apenas unos textos. Pretender entender esta
cultura a partir de nuestros parámetros de referencia me parece un error
y, si bien, podemos intuir sus fundamentos y su orientación, hemos de
confiar que años de estudio y práctica nos permitan una comprensión
profunda a partir de la cual establecer nuestro propio juicio.
Por otro lado el método de enseñanza oriental difiere del occidental y si
bien podemos juzgar la adecuación del instructor a nuestro carácter
hemos de tener en cuenta el principio de que "el que sabe no habla, el
que habla no sabe".
El Tai Chi Chuan es un arte marcial interno y su enseñanza también tiene
algo de interno, de reservado. Elegid una escuela y sed pacientes,
concederos un año o dos de aprendizaje antes de valorar si se han
cumplido las expectativas que os llevaron a practicar este Arte Marcial. En
cuanto a la práctica, Oriente está imbuido por la piedad filial, éste es un
sentimiento de amor y sobre todo de profundo respeto en relación a la
Naturaleza (El Cielo y la Tierra), Madre de los Diez Mil Seres (todo lo que
existe), que se mantiene en relación a todas las cosas y personas que
ayudan a nuestro desarrollo físico, intelectual y espiritual. Nuestra relación
con el instructor y compañeros ha de estar presidida por el mismo
respeto.
Durante la práctica todos estamos centrados, el instructor en enseñarnos
y nosotros en aprender, lo contrario no tiene sentido. Como muestra de
respeto a su esfuerzo es conveniente asistir a todas las prácticas y
ejercitar en casa, de lo contrario se resiente la práctica de todo el grupo.
Ello no es óbice para que la relación entre nosotros sea una relación de
amistad, familiar, como corresponde en China. Al principio puede parecer
algo difícil, al poco tiempo, cuando los demás observen vuestra
constancia, seriedad y trabajo os abrirán sus corazones. No los traicionéis.
Estas recomendaciones pueden pareceros algo oscuras. El TaiChi no es
una secta. Es un Camino, una puerta hacia nuevos horizontes, un baúl de
riquezas, del que cada cual puede obtener lo que desee.
Si vuestro deseo es manteneros en forma y saludables, disfrutar de
serenidad y equilibrio, la secuencia simplificada del Tai Chi es una opción.
Si tras la práctica os interesa conocer algo más relacionado con el Tai Chi,
quizá os acerquéis a las enseñanzas tradicionales de China. También es
posible que deseéis cultivar el aspecto marcial del Tai Chi, o no. La
elección es vuestra.
En cuanto al aprendizaje sin instructor sólo es posible tras conocer los
principios básicos de las posiciones y el movimiento. Sin este
conocimiento es fácil cometer errores. En cualquier caso, la suavidad es el
principio rector.
El Tai Chi Chuan y sus efectos terapéuticos
Este arte inigualable cumple una función terapéutica muy eficaz para
prevenir las enfermedades conservando y vigorizando la salud, y puede
ayudar a numerosos terapeutas a descubrir una mayor comprensión de la
unidad del cuerpo y el espíritu. Su práctica garantiza progresivamente un
equilibrio psicosomático, logrando una mayor armonía con uno mismo y
con nuestro entorno, permitiendo remediar los desequilibrios de las
condiciones en que nosotros vivimos, producto del andar agitado y brusco,
exterior e interior.
El Tai Chi Chuan es el arte de la acción. Su práctica desarrolla una energía
que progresivamente se refina y aumenta la capacidad de estar activo con
atención, flexibilidad y calma, (firme pero no tenso). Es notable la
regulación de la energía. Es ta armonización aumenta con la práctica y
cada uno desarrolla en sí mismo el arte de la acción que se manifiesta no
solamente en el ejercicio específico sino también en la vida cotidiana.
La influencia del Tai Chi Chuan sobre el sistema nervioso es tan tangible
como obvia. La tonificación equilibrada del sistema nervioso central por la
realización unificada de los movimientos, ejerce un efecto sumamente
benéfico sobre el conjunto del cuerpo. Esta relación entre el sistema
nervioso y la motricidad favorece la capacidad de la atención, la calma y la
movilidad.
Los movimientos circulares realizados sin rupturas activan y fortalecen la
circulación de la sangre, regulan la tensión arterial y favorecen la
regeneración de células.
La respiración abdominal tiene un gran valor en el campo terapéutico. En
la práctica el abdomen está flexible y el pecho relajado, convirtiendo la
respiración en profunda, lenta, uniforme y suave, aportando un mayor
equilibrio en el funcionamiento del sistema respiratorio.
El Tai Chi Chuan favorece la digestión. Sus movimientos activan el
funcionamiento intestinal y la respiración abdominal relaja el estómago.
Particularmente necesaria para las personas de edad.
El Tai Chi Chuan y la psicomotricidad. Durante la práctica debe de existir
una estrecha relación entre la flexibilidad y la estabilidad, la respiración, la
continuidad y la fluidez del movimiento. La perfecta armonía entre todos
estos factores hacen resaltar los beneficios del Tai Chi Chuan sobre la
tonicidad y la motricidad.
Todos los movimientos son realizados de forma unificada, sin rupturas.
Los movimientos parten de la cintura en donde está situado el centro de
gravedad del cuerpo (la cintura es el amo, el cuerpo el criado). La forma
circular de los movimientos, la experiencia de la energía y su dirección,
interior y exterior, constituyen la base de este principio de globalidad y
unidad.
El ejercicio del Tai Chi Chuan ayuda progresivamente a sentir la unión
entre relajación y estabilidad en el movimiento. En la práctica se aprende
a guardar la energía que no es débil ni rígida. Así el abatimiento, la
crispación y la discontinuidad del gesto ceden poco a poco a una armonía
de gestos y posturas. Este aspecto está relacionado en una regulación de
la respiración que se hace más profunda, lenta y regular. Contribuye así
mismo a un mejor empleo y a un control más consciente de la energía.
Descubrir con la atención la relación entre la dirección del movimiento, la
flexibilidad y la respiración abdominal es el medio para alcanzar este
equilibrio tónico.
En el tratamiento de las personas disminuidas en el plano motor, el aporte
del Tai Chi Chuan puede ser muy beneficiosa. Dos aspectos importantes
aparecen relacionados con este tema: la globalidad del movimiento y las
posturas ayudan a la persona a sentir una parte del cuerpo en relación
con su cuerpo entero, por otra parte la práctica despierta una sensibilidad
que contribuye a integrar la parte corporal disminuida. En el caso de
lesiones perdurables y difíciles de sanar, los ejercicios del Tai Chi Chuan
pueden desarrollar una percepción más unificada del cuerpo y a la vez
contribuir a una mejoría.
Aspectos psicoterapéuticos: la inhibición del cuerpo puede expresar la
pena, la angustia, la desconfianza consigo mismo, etc. La práctica del Tai
Chi Chuan puede contribuir a remedia y favorecer una armonización y una
liberación progresiva del movimiento, de la respiración y de la atención.
La práctica lleva a sentir la fluidez de los gestos, hallarse arraigado a la
tierra, descubrir la suavidad en la actividad que influye sobre la mente y
percibir cómo nos volvemos menos rígidos y más flexibles. La conciencia
de uno mismo en la acción, una mayor percepción del espacio desarrolla a
la vez una diferenciación y una unificación entre uno mismo y el exterior,
entre dentro y fuera.
La atención en la respiración permite que a poco a poco las imágenes y
los pensamientos se expresen sin que uno sea invadido por esa actividad
interior. La práctica ayuda a percibir el movimiento de la energía interior,
a sentir y a contener la ola de la actividad mental y emocional sin huir y
sin luchar. Desarrolla la capacidad de percibir las imágenes y los
sentimientos inconscientes que se corresponde también al principio de
atención y de no luchar que es la base del Tai Chi Chuan. Comporta un
beneficio terapéutico cuando uno lo practica con constancia.
Tradicionalmente se ha dicho que el Tai Chi Chuan favorece la longevidad.
La práctica del movimiento y la circulación de la energía, la acumulación
del aliento en el abdomen producen un efecto regenerador. El aliento
interior es la fuerza vital. Por esto, cuando se dice que el Tai Chi Chuan es
beneficioso para la longevidad, significa no solamente que la práctica
contribuye a un mejoramiento y a una regeneración celular de todas las
partes de nuestro cuerpo, sino también que el aliento interno unificado
proporciona una salud vigorosa.
El efecto preventivo del Tai Chi Chuan: La práctica desarrolla
progresivamente un equilibrio interior entre el cuerpo y la mente. Las
energías dispersadas en el cuerpo provocan las enfermedades cuando las
mismas circulan de una forma desordenada y caótica. El Tai Chi Chuan
ayuda a sentir, a unificar y a guiar estas energías. La medicina tradicional
china atribuye las enfermedades a un desequilibrio entre el Yin y el Yang,
para remedarlo es necesario disminuir el exceso de uno y evitar la
insuficiencia del otro. La armonía de la práctica aparece aquí en su
dimensión psicosomática.
Favoreciendo este equilibrio y esta unificación interna, el Tai Chi Chuan
permite transformar la alternancia de tensión y depresión que uno se
encuentra en la vida cotidiana.
Reencontrar esta fuente de unidad que puede aportar el Tai Chi Chuan no
es un repliegue sobre la práctica misma, sino lo contrario, ofrece la
posibilidad de sentirse "vivo" para actuar con estabilidad y confianza.
Prof. RODOLFO GALLO Escuela Continental (Escuela De Pekín)
Ejercicios para regular el chi y abrir los meridianos
http://www.taiji.zzn.com
Secuencia de pre-calentamiento para la práctica del Tai Chi de Jaume Díaz ,
podéis dirijiros a este profesor para recibir una instrucción precisa sobre su
ejecución (repeticiones, respiración, contraindicaciones) y beneficios.
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Al practicar esto ejercicios no hay que forzar nuestras posibilidades.
Es más importante la regularidad y la corrección en su ejecución.
Frotamos las manos. Acariciamos primero un brazo desde la mano al
hombro ascendiendo por su parte externa y descendiendo por la interna
(varias veces de 3 a 6).
Frotamos de nuevo las manos. Acariciamos la frente primero con una
mano y después con la otra (limpiamos, por lo tanto los movimientos son
siempre del centro al exterior).
Acariciamos los ojos desde el lacrimal al exterior con las puntas de los
dedos.
Posamos las palmas abiertas sobre los ojos sin tocarlos (baño).
Acariciamos la nariz con los dedos de una y otra mano
Acariciamos los labios de forma similarFrotamos las manos. Acariciamos la
nuca y depués el cuello
Frotamos enérgicame nte el bajo vientre (Tantien) y después los riñones.
Deslizamos las palmas desde los riñones hasta los tobillos por la parte
posterior de las piernas y ascendemos de los tobillos hasta Tantien por la
parte anterior.
Giramos la cabeza a la izquierda y la desplazamos hacia la derecha con el
mentón bajo, doblando el cuello al frente. La acción ha de ser relajada y
suave. Al descender espiramos, al ascender inspiramos.
Acercamos la oreja izquierda hacia el hombro (sin mover los hombros)
doblando el cuello lateralmente. Levantamos la cabeza y la inclinamos
hacia la derecha.
Hacemos girar los hombros primero de atrás hacia el frente, despúes del
frente hacia atrás. Los hombros han de moverse en un círculo amplio.
Giramos los brazos de atrás hacia delante formando círculos amplios.
Después de adelante hacia atrás.
Dirigimos los brazos hacia adelante, a la altura de los hombros, y los
sacudimos desde el hombro hasta la punta de los dedos para soltar codos
y muñecas. Los brazos han de estar relajados.
Acercamos los brazos al esternón y los lanzamos hacia adelante
manteniendolos a la altura de los hombros, con las palmas hacia el suelo.
Abrimos los brazos en cruz, a la altura de los hombros, paralelos al suelo,
con las palmas a cada lado del cuerpo mirando al cielo. Acercamos las
manos al cuello, doblando los codos. Lanzamos las manos a los lados,
manteniendo la altura de los antebrazos.
Con los brazos sueltos al lado del cuerpo, agarramos la muñeca izquierda
con la mano derecha y levantamos el brazo izquierdo. Lo estiramos
enérgicamente hacia arriba. Hacemos lo mismo con el brazo derecho (una
vez cada brazo).
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